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Ventisca - Libre -

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Ventisca - Libre -

Mensaje por Claude Rotterdam el Vie Feb 01, 2013 8:46 pm

Lo mejor que una persona podía hacer era compartir lo que sabía. En tiempos como ese no era algo muy usual. Al fin al cabo cada quien buscaba la mejor manera de explotar su potencial, en Alduin por ejemplo cada quien sobrevivía de la manera que les placía, con los gritos de la libertad en la garganta. Con el desenfreno de una vida sin límites. Solo los fantasmas de la dolorosa realidad acosaban a las personas (hambre, miedo, guerra). No quedaba más porque cada uno buscara su camino para sobrevivir. En ocasiones llevaba a que las personas hicieran asociaciones. Como la curiosa que había ese día en un rincón del parque.

En el extremo más cercano a los edificios adyacentes. Esos que como un círculo mágico rodeaban el lugar. Y que en esos momentos servían como un refugio al intenso viento que corría. Si ese que daba la sensación tomaría a los transeúntes como una garra y lo arrebataría de la seguridad de los muros que evitaban cayeran al vacío. Corrían historias de que en noches donde el viento era especialmente inclemente, más de un desdichado había sido arrastrado más allá del abismo para precipitarse a la nada. Para la mayoría eran maneras de asustar a los niños, otros para explicar desapariciones que tenían explicaciones mucho más tristes (como suicidios, ¿pero quién se querría suicidar si era dueño de su libertad?).

Solo que en esos momentos eso no importaba. El castaño había conocido hacía pocos días a esos chicos, muy jóvenes aún, a penas unos adolescentes. Con talento poco pulido, con instrumentos de segunda mano, o como el organillo que habían arreglado al encontrarlo en desuso. Pero lo que les caracterizaba era ese temple, ese gran espíritu. Le agradaban y a pesar de no tener demasiado, trataba de ayudarlos. Esa mañana se habían reunido antes de las horas de trabajo de los ciudadanos. Eran un grupo llamativo, que con expresiones vivaces habían comenzado a tocar una canción que no era para nada clásica. Poseía una intensidad atreyente, una fuerza fabulosa era sentida por el castaño mientras hacía vibrar las cuerdas de su violín. Con su mentón apoyado sobre un pañuelo que actuaba de cojincillo para la cubierta de madera, la fuerte emoción lo desbordaba, sin que pudiera evitar que un toque de sensualidad se deslizara por las notas. Había cerrado los ojos en medio de la interpretación, por lo que no vio al pequeño grupo de personas que se reunió alrededor para escucharlo. Así fue como el aplauso de ellos lo despertó de su trance cuando finalizaron esa actuación.

El reconocimiento era muy importante para los artistas, al menos para la mayoría. Lamentablemente no era este el que llenaba los estómagos en la mayoría de las ocasiones. Las monedas fueron pocas, pero las suficientes como para repartírselas cuando los espectadores se habían dispersado. Para Claude no interesaba que su porcentaje fuera menor al de esos chicos. Después de todo él tenía un trabajo con el cual mantenerse… a penas, pero era más de lo que ese grupo de infantiles hermanos podían acceder aún.

- Nos vemos en dos días para ensayar – se despidió. Era divertido ver como el menor de esos niños lo trataba, como si fuera un novato, pero en realidad cada vez que los veía les enseñaba algo o les corregía. De todas maneras era momento de ponerse a caminar. Guardó su violín en su estuche, debía ir al restaurante Liberté.


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Re: Ventisca - Libre -

Mensaje por Gael Sinclair el Dom Feb 17, 2013 2:39 am

El danzar de los vientos, era algo peculiar o anormal, entre las planicies de sus recuerdos solo recordaba un pequeño cerezo rosado con las hojas caer en cada brazada de viento, el cual su hermana miraba con desolación, con ansiedad, con ganas de danzar bajo las hojas rosadas, pero eso ya no importaba, ella no debía estar en sus recuerdos, no, exactamente esa era la palabra "DEBER".
El debía odiarla, con su corazón, y aniquilar rápido indoloro, ella merecía más que su padre, ella no era así, aun recuerda ver un caramelo envuelto en una tela sucia, de manchas militares esa misma representación era su hermana un caramelo envuelto en un pañuelo militar ocultando su belleza su fragilidad, incluso ella misma, no era ella, y odiaba más que a nadie a Alessa, si algún tiene la oportunidad le arrancará el cuello pero primero tendrá una sesión privada con Alessa sus nervios y probando los rangos de dolor, lo harás... ¿Verdad? ¿Sinclair? ¿Sinclair...?

Se había desvanecido los pensamientos, no... no realmente ellos nunca se iban, solo tomaban la siesta y luego estaban de vuelta con las mismas palabras, con los mismos pensamientos días tras días, así era su forma de olvidar que amaba a su hermana incluso hasta los huesos, reprimirlo y transformarlo en odio, por su... ¿Traición?
¿Acaso se llamaba traición cuando no viste la libertad, cuando fuiste un esclavo de ideales?
Sus pies, estaban ligeramente separados, su dorso de la mano se refugiaba en los bolsillos, de una gabardina color acero, buscaban calor, a pesar de que ya no era el niño mimado con grandes riquezas multimillonarias en los liberales, aún mantenía un estatus bastante alto, y de una fortuna considerable, pero muy mermada de lo que solía ascender, e incluso de lo que le pertenecía por herencia, demasiado ínfimo para lo que poseía su hermana, de cualquier forma esa pequeña fortuna le permitía vivir privilegiado, botas duras como el mármol, que hacía un peculiar /tac tac/ al caminar, y pantalones sujetos, pero aquello era lo de menos, lo más intrigante era el motivo de su "Escala"...

No era más que un violín común y corriente que sonaba, seguido del compás de varios demás, sin embargo... no era un sonido común, no era un violín común, tenía un solido ya conocido, un sonido familiar, no el mismo pero si esa finura al tocar, ese dulzor sensual al encantar los oídos, camino abriendo paso en la multitud que rodeaba, no hacía falta hablar o empujar, solo se separaban ligeramente tras caminar, todos le conocían, no le temían le guardaban cierto respeto, y un tino para saber parte de su historia cruel, pero aún así cuando había pasado todos cerraban el sendero humano que había dejado y era como si ya no estuviera presente pues la música les dejaba seducidos, ahora podía recordarlo aquellos mismo cabellos de forma rara, incluso extraña de llevarlos, pero de hecho jamás habían entablado contacto, era una melodía bastante culta, y por lo visto era un prodigio, suspiró y su sed de curiosidad estaba saciada, coincidió con el final del espectáculo entonces no se sintió tan mal de tener que abandonar la función, no pensaba dejar propina, no era de dar propina a una muestra de talento, de hecho lo consideraba menospreciar, ya tendrían una charla en algún momento propició, quizás cuando llegué al restaurante, al que ambos coincidirían dentro de unos momentos.

El restaurante Liberté, no era un restaurante ni demasiado lujoso, pero tampoco permisible para todos, era de una clase media alta, que en teoría es máximo que existe, echó la cabeza hacia atrás relajando un poco puesto que de hecho no esperaba compañía, más que de un almuerzo y una buena tonada consistente, tan consistente y suculenta, que compruebe sus sospechas : "Debe ser el mecenas él" sigue sin comprender bien del todo los artistas son algo respetados del otro lado, del otro bando, de aquella zona donde es el máximo entretenimiento, casi una osadía y lo más cercano que tienen a la felicidad momentánea. Espera que al terminar la función musical alguien reciba un trozo de tarjeta, y le haga compañía, girando el reloj, calcula un máximo tiempo de... para el arte nunca hay limite de tiempo, tiene preparado una excusa perfecta en caso de extenderse más de lo debido, y empieza la belleza, y un espasmo auditivo lo domina, siguiendo las notas con los ojos cerrados como un gran catador de vino.
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Re: Ventisca - Libre -

Mensaje por Claude Rotterdam el Dom Feb 17, 2013 9:23 pm

Pues en este caso no había mecenas ni agente que velara por beneficios. La situación no era como al otro extremo de la isla flotante. Aquel la música la entregaba donde podía, o donde quería. No iba con pretensiones de grandeza o exclusividades. No era un ave enjaulada que deleitara a un amo. Era un músico libre, dispuesto a enfrentar los difíciles momentos, la pobreza y los peligros de Alduin.

Había vientos de cambio sin lugar a dudas. Esa sensación en su pecho de que sin saber había empezado a hacer algo importante. No podía decir como lo sabía o si solo eran ideas suyas. Lo cierto es que había un nuevo entusiasmo. Tenía esa sensación dulce que recordaba, pero que en esta ocasión, sin lugar a dudas no evocaba ni la melancolía ni la tristeza de otros momentos. Lo veía tan nítido como si sucediera ante sus ojos, pero sin esa punzada de dolor. Cuando tocaba con esos niños sentía como si estuviera en el salón con su madre, que tocaba con él. Que le enseñaba la magia que tenía el violín y el piano. Era la sensación de un vínculo diferente, maestro con pupilos, pero visto como iguales, pues al enseñarles Claude sentía que estaba aprendiendo que no podía explicar ni con palabras ni con notas musicales.

Así fue que se desperezó viendo como las personas se alejaban. Solo vigiló que nadie siguiera a los chicos. Debían ser prevenidos al portar dinero, sobre todo sin un número amplio de personas los habían visto. Al menos confiaba en que los chicos pudieran moverse por los escondrijos de la ciudad estado. Ya había dejado su violín en su estuche y era mejor emprender el camino. Sus pasos avanzaron ligeros sobre el empedrado, con una sonrisa en el rostro y la vivacidad palpitando en su pecho mientras avanzaba. Solamente que no había dejado pasar el hecho de la gente a su alrededor. No era mucho lo que portaba, pero había trasladado su tesoro, a transportarlo en la mano izquierda mientras la diestra ingresaba en su chaqueta. Allí portaba el cuchillo que alguna vez hubo comprado para defenderse. No era por simple paranoia, sino que sentía los pasos a su espalda. Pesados y quizás se tratara de dos individuos.

De modo que presuroso avanzó entre esos ríos lánguidos de gente aprovechando la confusión. Un arma de doble filo si algún carterista trataba de aprovechar los ligeros choques. Pero confiaba en llegar pronto, si solo fueron unas pocas calles para llegar hasta el restaurante. Tomando la entrada lateral y usando brevemente el baño para adoptar una apariencia un poco más prolija. No demasiado, pues su aspecto exótico no lo permitía. Solo respiró tranquilo un poco para quitarse la agitación. Era bueno ir a hacer una breve observación al interior del restaurante. Había pocos visitantes a esa hora. La hora del almuerzo aun se encontraba lejos, había algunos comensales del desayuno tardío, pero eran pocas personas aún.

Paso sonriéndole a las meseras y al cajero que en su rincón se encontraba. Dejando allí el estuche de su querido compañero para destensar los dedos un momento. El frío de la carrera los había entumecido un poco, pero ya había pasado. Como un ritual solo puso aquel instrumento bajo su barbilla apoyándolo contra su hombro. Haría una prueba, una primera al tener pocos oyentes. Una composición propia que sonaba como si el fluir de un río cristalino tomara la fuerza del fuego. Intenso y a la vez dulce. Exaltante al espíritu. De modo que el violinista se movía entre las mesas en un paseo que parecía solo un deambular, una travesía sin rumbo definido que se alejaba de los poblados y retornaba. Una belleza exuberante que rápidamente llegó a su fin. No esperaba aplausos solo dedico una jovial sonrisa a su alrededor, viendo como algunas espaldas anteriormente arqueadas volvían a estar derechas.

Fue entonces que empezó a distinguir quienes eran los asistentes usuales y quienes eran esporádicos. Pero una figura llamó su atención. Su memoria le decía que hacía poco lo había visto. Solo un momento y lo recordó en la plaza. - ¿Le ha gustado? – preguntó directamente luego de haberse acercado a aquel hombre de chaqueta color acero.


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